Hoy pasé un día muy interesante y a la vez relajante. Ayer me puse de acuerdo con mi prima Eleuda para hacer una visita a su tía Elia que está en un ancianato en La Villa estado Aragua.

Nos levantamos bien temprano; mi prima le preparó una bolsa cargada de galletas, chocolates, cremas, pintura de labio y uñas, por mi parte le llevaba dos vestidos bien bonitos. Cada seis u ocho meses acompaño a Eleuda a visitarla. La tía Elia es una anciana de 93 años, con mucho glamour, es bonita, sus uñas impecables bien pintadas y labios bien delineados, vestida bonita, con zarcillos y collar, (por cierto tiene muchísimos accesorios), su pelo es blanco como la nieve, bien peinada. Esta vez la aprecié más contenta que otras veces.
Al rato, nos contó cómo llegó al ancianato. Recordó que estaba viviendo con una prima en Maracay y a través de una vecina se enteró que en La Villa, había un ancianato atendido por monjas. Una mañana se dispuso a conocer el sitio, pidió hablar con la Directora y de inmediato le dieron el cupo, de esto ya han pasado once años. Es la mayor de todas y la única que está sana.
Yo le pregunté porqué había tomado esa decisión, y saben lo que me dijo: "Nunca te vengas a un ancianato cuando estés muy viejita, hazlo cuando te sientas sola y te puedas valer por ti misma, a esta edad no me hubieran aceptado, aquí encontré mucho amor, me quieren, me atienden y la paso muy bien". También nos dijo que tuvo tres hijos varones y que uno hace años había fallecido. Aquí, cambiamos el tema.
Elia es alegre, risueña, teje, cose, no le gusta ver televisión, escucha la radio y nos confesó que le gusta escuchar a Chávez, mi prima intentó hacerla cambiar de opinión, me hizo un gesto de picardía y no hizo caso, fue divertido.
Como yo también tejo, me dijo que había tejido un saco que tiene doce colores con hilo Carmencita, yo le dije que una vez me lo había enseñado y que a mi me gustaba mucho; pues, ¿saben lo que hizo? fue a buscar el saco y me lo prestó para que me tejiera uno igual, que ese no me lo regalaba, porque cuando ella estaba tejiendo los cuadritos pensaba regalar a su hijo un cubrecama, pero como éste había fallecido, decidió hacerse el saquito. En su cama había un rollo de hilo y un revista con su patrón. (No pude bajar la imagen del saquito).
Cada sonrisa de Elia, es como si los años no han pasado por ella, es increíble la alegría que transmite. Si algo aprendí hoy es que: "para seguir siendo joven hay que sonreír por encima de cualquier circunstancia". Si ella con 93 años es sana, realiza sus labores, canta, conversa, quiere decir, que estar siempre alegres, con una sonrisa perenne en nuestros labios, hace la gran diferencia. Dios la bendiga.