sábado, 14 de febrero de 2015

Mis padres

Mis padres Si me preguntan, cuánto hace que mis padres Antonio y Carmita fallecieron, no lo sé, porque borré de mi mente año, mes y día, quizá porque quiero recordarlos vivos, recordar anécdotas, cuentos... Memoria viva, pues... Un matrimonio ejemplar, bien formado con sus defectos y virtudes; caminaban juntos de la mano, cariñosos el uno con el otro; supieron vencer los obstáculos; un hogar sin carencia, con todas las necesidades suplidas: comida (como arroz) estudio, educación, estrenos, juguetes... Eran unos padres alegres, pero bien estrictos con nosotros. 

Los hermanos pequeños no vivieron esa etapa de rigidez, quizá por eso son un poco irreverentes. Ambos se llevaban muy bien con sus suegras, a pesar que mi abuela materna era muy dominante, pero papá la sabía llevar. Cada uno pasaba el 31 de diciembre con su mamá, los hijos nos quedábamos con mamá, salvo que alguno quisiera irse con el otro. Después de las doce se reunían. Y no digamos aquéllos primeros de enero, los primos venían a la casa a comer la mejor hallaca de la familia y el mejor sancocho. Lo pasábamos rico. Mi hermana Ingrid, también fallecida, como la llamábamos cariñosamente "La Ita", me quedó en la memoria su amor por los sobrinos, la familia, su complacencia... Siempre presta ayudarnos... Nunca se quejó de nada, heredó de mi mamá el arte culinario de las hallacas, el sancocho, el pernil... Todos los años, mis hermanas quieren alcanzar la sazón de mamá y de ella, y de paso pregonan: "Me quedaron igualitas a las hallacas de Ingrid", aquí lo confieso, "mucho camisón pa´petra, hermanitas" 

Dicen, que uno no sabe lo que tiene hasta que  lo pierde, pero en mi caso, no fue así; siempre supe lo que tenía y cuando lo perdí, en mi memoria quedó lo más bello y puro de ellos.

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